viernes, 19 de febrero de 2016

El significado espiritual de los números



               En nuestra sociedad actual los números son solo numerales, sirven para cuantificar y nada más. Pero hubo un tiempo y unas culturas en las que los números eran algo más, eran representaciones de una idea o concepto. Tal vez nos pueda parecer algo raro habida cuenta de nuestra educación encaminada al materialismo (cuantificación) y alejada de la espiritualidad (ideas y conceptos, elementos no materiales), pero seguro que aún podríamos fijar algún ejemplo de pervivencia de la conceptualización del número. A “bote pronto” nos vienen a la cabeza algunas expresiones coloquiales que todos hemos oído alguna vez: “tropocientosmil” y “un montón”.

               En el primer caso usamos un numeral imaginario para indicar el concepto de multitud. En el segundo caso usamos un sustantivo con una definición muy exacta que hace referencia a algo tangible y visible (montón: grupo de cosas puestas unas encima de otras) para dar a entender el concepto de algo numeroso.

               H.P. Blavatsky (1831-1891), ocultista, teósofa y escritora rusa, decía que “existe una sagrada ciencia de los números, conocida con diversos nombres, que se enseñaba en los templos de Asia y Egipto. Esta ciencia es de importancia suma para el estudio del ocultismo, puesto que nos suministra la clave de todo el sistema esotérico. El misterio de todo el universo está fundado, salvo muy contadas excepciones, en las jerarquías y en los verdaderos números de estos seres, invisibles para nosotros.” Y también afirmaba “... La misma Naturaleza pudo haber enseñado a la humanidad primitiva, los principios de un lenguaje de símbolos, numérico y geométrico. De aquí que encontremos números y figuras usados como expresión y anales del pensamiento en todas las Escrituras simbólicas arcaicas... Cada cosmogonía ha comenzado con un círculo, un punto, un triángulo y un cuadrado hasta el 9, todo luego sintetizado por la primera línea y un círculo, la Década Pitagórica mística, la suma de todo, que abarcaba y expresaba los misterios de todo el Kosmos.”

               Precísamente a Pitágoras se le atribuye la frase “Todo está dispuesto conforme al número”. Para los antiguos griegos, precursores de la cultura europea, los números poseían varios significados, siendo uno de ellos el de expresar ideas o conceptos. En realidad, los números griegos eran las mismas letras de su alfabeto dispuestas es un orden determinado, lo que otorgaba a las palabras un significado numérico más allá del significado lingüístico, una especie de herramienta para intentar comprender la armonía de las cosas, de la naturaleza de las mismas. Según la Teogonía Pitagórica: “La Mónada es el principio de todas las cosas. De la mónada y la dúada indeterminada, los números; de los números, los puntos; de los puntos, las líneas; de las líneas, las superficies; de las superficies, los sólidos; de éstos, los cuerpos sólidos cuyos elementos son cuatro: el Fuego, el Agua, el Aire y la Tierra; en todos los cuales, transformados (correlacionados) y totalmente cambiados, consiste el mundo.” (H.P.B. Doc.Sec. Volumen II. Sección XII).

               Este concepto griego de números “puros” o Ideas, estaba lo suficientemente arraigado en la cultura como para que su utilización fuese diaria, pública y asequible a cualquier intelectualidad, puesto que hablamos del concepto cosmogónico, religioso, de una cultura y en las culturas arcaicas la religión y la sociedad eran un todo indivisible. Queremos enfatizar este aspecto, ya que más adelante nos permitiremos extrapolar este concepto para arrojar una pequeña teoría sobre las propuestas de traducción del lenguaje de los íberos antiguos.

               En un artículo publicado por la revista Esfinge en agosto de 2010, con el título “el significado profundo de los números”, Oscar Acevedo y Daniel Romero apuntaban: “Volviendo a Nicómaco, él define el número como una multitud limitada (conjunto finito), una combinación de mónadas, es una serie animada que surge de la Unidad. Asimismo H.P. Blavatsky, comenta que para los antiguos “todo el Universo, metafísico y material, estaba contenido y podía expresarse y describirse por los dígitos que encierra el número 10, la Década Pitagórica.” En la Década, partiendo del sistema deductivo de Platón, la pluralidad parte de la Unidad o los dígitos surgían de la Década para ser finalmente reabsorbidos en el círculo infinito. Y más adelante escribe, que en el plano superior el Uno no es un número sino un cero, un Círculo. En el mundo manifestado se convierte en un 1, origen de la secuencia de los números naturales. “Los números impares son divinos, los pares terrestres...”
(H.P.B. Doc.Sec. Volumen IV. Sección X)”.

               Continuaban estos autores describiendo los números y su significado más profundo o espiritual:

El Uno, es entonces, el Bien, principio de Identidad, la Armonía absoluta. La palabra latina Solus tiene relación con único Dios y con Sol. En geometría se relaciona con el punto como entidad carente de dimensión, a partir de la cual se originan todas las formas.

El Dos, es el primer número par femenino. Es dualidad, oposición, polaridad, diferenciación, discordia. Es el estado imperfecto en el que cayó el primer ser manifestado cuando se separó de la Mónada, creándose la bifurcación entre los dos caminos del bien y el mal. Geométricamente es el primer movimiento del punto que genera la línea.

El Tres, es el primero de los números impares, masculino. Relacionado con la primera figura plana que es el Triángulo. Es potencia generadora, principio de formación y crecimiento. Son los tres aspectos de la Divinidad en el mundo manifestado, en la naturaleza y en el ser humano.

El Cuatro, representado por un cuadrado o por la primera figura sólida de cuatro lados, el Tetraedro; se relaciona con la perfección en el mundo manifestado. Según Blavatsky, los pitagóricos enseñaban que el Alma es un número que se mueve por sí y que contiene el número 4; y el hombre espiritual es el número 3.
Esta unión del 3 y el 4, se observa en la figura de la pirámide, donde los cuatro lados confluyen en un vértice formando un perfil triangular, sintetizado por los pitagóricos en la tetraktys. Esta figura triangular, conformada por los primeros cuatro números dispuestos en forma de puntos, suman diez en total, y representa el Universo ordenado como una unidad de fuerzas en las que se relaciona el Todo con las partes.

La mitad del Diez es el Cinco, compuesto por un Binario y un Ternario. Es la unión entre el principio femenino y el masculino. Símbolo de Afrodita como Amor generador, es Armonía, Salud y Belleza. Relacionado con el Diez, como su reflejo, es el Microcosmos dentro del Macrocosmos. Expresa una sincronía entre el ritmo del Alma humana y la del Universo. La imagen gráfica es la estrella de cinco puntas o pentagrama. La relación con los cinco elementos y los cinco sentidos va más allá del aspecto físico, ya que se expresa en este número el quinto principio que se eleva por encima de los cuatro aspectos materiales. Es la conciencia humana despierta, el hombre que crece en Armonía con el Universo.

El Seis, expresa las direcciones del espacio, las seis caras del cubo. Es estabilidad y equilibrio en la naturaleza manifestada. H.P.B. relaciona este número con la Svástika hindú y con la evolución del Cosmos. Ha sido considerado como emblema de la naturaleza física. Representado por un doble triángulo equilátero o por un Hexágono (polígono de seis lados), es la mezcla de los Tres Fuegos y las Tres Aguas, de donde resulta la procreación de los elementos de todas las cosas.

La misma figura de los dos triángulos con sentido inverso o estrella de seis puntas, más un punto en el centro representan el Siete. Es la forma física más el alma inmortal. Es símbolo de la Vida Eterna, de lo que no tiene un Principio, ya que el 7 no puede ser producido por ningún otro número ni es divisible. Así
pues, es la perfección. Al ser la unión del Tres y el Cuatro, expresa la constitución para el ciclo evolutivo actual, presente en el simbolismo de diferentes religiones. En el ser humano es la unión de los cuatro principios físicos más los tres espirituales.

Del Ocho es poco lo que se puede expresar en nuestro actual estado evolutivo. Blavatsky lo identifica con el
movimiento eterno y la espiral de los ciclos. Relacionado con el símbolo matemático del infinito (8) y con el Caduceo de Hermes. Es la respiración regular del Cosmos.

El Nueve o triple ternario “es el número que se reproduce constantemente bajo todas las formas y figuras en toda la multiplicación. Es el signo de todas la circunferencias, puesto que su valor en grados es igual a 9 (3+6+0).
(H.P.B. Doc.Sec. Volumen IV. Sección X)

Y el Diez que cierra el ciclo, vuelve a traer todos los dígitos a la Unidad dentro del cero. Símbolo de la Deidad, del Universo, es el Macrocosmos, donde existe un orden perfecto y armónico. Según N. De Gerasa “Como el Todo era una multitud ilimitada, se necesitaba un orden... En la Década es donde preexistía un equilibrio natural entre el conjunto y sus elementos... de ahí que el Dios que dispone con arte se sirvió de la Década como un canon para el todo”.

               Una vez conocido el significado espiritual de los números conforme a la cultura helena, coetánea de la
nuestra íbera y con grandes préstamos entre ambas, no sería descabellado pensar que para nuestros ancestros los números tuvieran también este tipo de significación mucho más allá de los numerales. Aún más, sabemos que la nuestra también fue una cultura donde el sentimiento religioso no se podía diferenciar de cualquier otro elemento de la vida cotidiana, con lo que comenzamos a sospechar que algunos de los números que encontramos en la epigrafía íbera y celtíbera pudieran encerrar mayores significados que los que en un principio se les haya podido otorgar en algunas propuestas de traducción.

               Para ejemplificar lo que propongo, usaré unas propuestas de traducción sobre epigrafías íberas que contienen numerales y que responden al método usado por don J. Ramón Rivera, concretamente en su libro “De Tartessos a Iberia, alrededor de su epigrafía religiosa”. Destacar de la obra de este autor, que ya en sus propuestas da cuenta del significado espiritual de algunos números para los griegos arcaicos, con lo que nuestra aportación viene a confirmar en parte su hipótesis y a tratar de “idiomatizar” un poco más sus resultados, con lo que los textos que nos legaron nuestros antepasados resultarán más entendibles. Iremos nombrando las propuestas y nuestra particular visión de las mismas siguiendo el siguiente esquema:

.- Identificación de la epigrafía.

1.- Transcripción fonética de la parte donde se hallan los numerales.
2.- Traducción propuesta por don J. Ramón Rivera.
3.- Propuesta idiomatizada.
4.- Comentarios.

 1. Estela de la Cañada Honda, Cabeza del Buey (Badajoz).

 1.1. L BA O GE KUI
 1.2. La Madre Tierra lleva en su seno las 30(000)(maravillas) del Señor.
 1.3. La Madre Tierra lleva en su seno la Inconmensurable Fuerza Fecundadora del Señor.
 1.4. El 30 se genera a partir del 3 y del 0, es decir, la fuerza fecundadora masculina dentro del Todo. Y el millar cumple la función aumentativa para destacar que se trata de algo “inconmensurable, desmedido, de grandes proporciones”, tal y como cabe esperar de los Dioses.

 2. Estela de Siruela, Badajoz.

 2.1. L DA
 2.2. Las 30(000)(maravillas) de la Madre Tierra.
 2.3. La Inconmensurable Fuerza Fecunda de la Madre Tierra.
 2.4. Aquí no aprece referencia alguna al Dios BAL, con lo que presumimos que se debe hacer referencia al significado del 3 despojándole de connotaciones masculinas, aunque bien pudiera tenerlas haciendo referencia a que la Fuerza Fecundadora requiere implícitamente el género masculino que aporta la deidad solar.

 3. Inscripción rupestre en Cal Bassacs, Gironella (Barcelona)

 3.1. NE BAS´N
 3.2. Si, por el Soberano, los 50(000)
 3.3. Así es, gracias al Soberano, la Eterna Salvación.
 3.4. Entendemos que en este caso, la partícula afirmativa NE también podría traducirse de una manera más adecuada por “así es” y “por” como “gracias a”. En cuanto al numeral, como bien remarca el autor, el número 50 tenía el sentido de Salvación, Perfección, lo que viene a significar al 50 como compuesto de la Armonía dentro del Todo, que en esta ocasión hemos querido traducir como Eterna Salvación al ir acompañada por el millar como aumentativo.

               En la citada obra de este autor, se recogen un buen número de referencias numerales al 30(000) en epigrafías muy diseminadas geográficamente. Este hecho nos lleva a pensar que esta inscripción es reiterativa precisamente por el significado religioso que conlleva. Para nuestros antepasados íberos, al igual que para cualquier cultura coetánea o anterior, la fecundidad de la naturaleza era un aspecto primordial de sus creencias más elevadas. Abundando más en nuestra teoría, diremos también que existe una relación directa entre la teonímia que usamos en algunos casos y este significado espiritual de los números. Ponemos como ejemplo el sustantivo ENI (eni), dativo singular masculino yneutro del adjetivo numeral “uno”, es decir El Uno. O lo que es lo mismo, laentidad carente de dimensión y género a partir de la cual surge todo lo demás,orígen de toda identidad divina, el Bien Supremo, la Armonía Absoluta, Él, nuestra máxima Divinidad que dió origen a BAL (B) y GA (K), parédros y Más Altas Deidades de nuestro Culto.

               Conclusiones:

               La integración de significados terrenos y espirituales en una misma grafía puede (sin duda lo hace) viciar una buena propuesta de traducción al considerar un númeral donde debe leerse un concepto. No es que llegue a malograr el resultado, pero creemos que descubrir y tener en cuenta el significado espiritual que tienen los números en nuestra religión mejorará el entendimiento del legado de nuestros ancestros.

               Por otro lado, la importancia del significado espiritual de los números y su relevancia dentro de la cosmogonía íbera, para los actuales seguidores de nuestra religión, no debe convertirse en un quebradero de cabeza. Este tipo de conocimientos solo son obligatorios para los Sacerdotes y Sacerdotisas del Culto, y se encuentran encuadrados dentro del segundo módulo del Plan de Estudios para el Sacerdocio. Los creyentes que solo practican nuestras creencias de manera individual o familiar no están obligados a conocer estos aspectos de nuestra religión, aunque nunca está de más adquirir conocimientos.



AiTn BiEA

martes, 26 de enero de 2016

IUMS: La Rueda de la Vida



      La Rueda de la Vida es un concepto religioso/cosmogónico antiquísimo. Verdaderamente, las religiones en su mayor parte tienen desarrollado el concepto de una u otra manera. Se trata del ciclo Nacimiento-Vida-Muerte-Regreso.

      Nótese que hemos escrito Regreso, y no otra palabra. Esto es bastante importante dado que dependiendo del desarrollo de la religión en cuestión, este regreso será una reencarnación (por ejemplo en la tradición hindú) o una resurrección (por ejemplo en las tradiciones cristianas). La resurrección es la vuelta a la vida de alguien que ha muerto, y la reencarnación es el regreso del espíritu o alma de alguien que ha muerto, pero ocupando el cuerpo de otro ser vivo. Para explicar lo que es la Rueda de la Vida en la religión Íbera del s.XXI, baste con utilizar la palabra Regreso.

      Así pues, cuando hablamos de nuestro concepto IUMS (o IUS) estamos hablando de los
lauburu, símbolo del IUMS
ciclos naturales que los Dioses han dispuesto para que todo funcione. Todo el Universo se mantiene en equilibrio, las interrelaciones entre organismos vivos, fenómenos atmosféricos, planetarios o actividad humana están ya más que probados por los científicos. Todo este equilibrio universal está compuesto por ciclos más pequeños, diferentes muchas veces entre sí, e incluso difíciles de observar por nosotros, pero siempre existen y son posibles de interpretar o por lo menos intuir si nuestra consciencia está preparada para ello.

      Cuando hablamos de ciclos de la vida, lo primero que nos viene a la mente seguramente es el de Vida-Muerte. Puede que sea el concepto de ciclicidad más tenido en cuenta por los seres humanos desde antiguo. Todos somos conscientes de que nacemos y morimos y después otras personas nacen. Esta es, al menos en esencia, la Rueda de la Vida aplicada a la humanidad.

      Seguro que todos o casi todos hemos oido hablar del ciclo del agua. Es aquello que nos explicaban en el colegio de que el agua del mar se evaporaba, ascendía hasta formar nubes que arrastraba el viento sobre la tierra firme y que el frío convertía de nuevo en agua que caía en forma de lluvia, generando arroyos, después ríos y lagos para terminar de nuevo en el mar. Otro ejemplo sin duda familiar sobre lo que es un ciclo natural. En las últimas décadas también hemos oido hablar sobre el ciclo de la materia orgánica, por el cual todo organismo vivo se nutre y desarolla para después morir y pasar a formar parte del suelo, y cómo las plantas absorben la materia, la procesan, son comidas por los hervíboros, estos por los carnívoros, etc. Las leyes de conservación de la materia y de la energía son otros ejemplos de esto. A cualquier nivel, a cualquier escala, casi de manera fractal, se repiten procesos cíclicos de vida-muerte-regreso. Es la forma de equilibrar el universo que los Dioses establecieron. Y no solo existen estos ciclos, si no que además existe otro nivel de ciclicidad e interconexión que enlaza unos con otros. Tal es la complejidad de nuestro sencillo mundo.

      En nuestra religión este concepto es muy tenido en cuenta. Sabemos que formamos parte de ese todo enlazado y que no somos imprescindibles para su desarrollo. El gran ciclo siempre continúa. Nuestra visión cíclica de la existencia nos hace ser conscientes de que siempre estamos pasando por la vida, esta no se detiene por mucho que nuestras miserias y nuestros problemas parezcan insalvables. De ahí que queramos ser conscientes de todos y cada uno de los momentos de nuestras vidas, sabiendo que también son cíclicos, y celebrando estos ciclos pues son lo que llamamos Leyes Divinas.

      Aprovechamos los ciclos más evidentes de nuestro entorno, las estaciones del año, para celebrar la Rueda de la Vida, para celebrar que todo fluye hacia un contínuo del que formamos parte.

   Así pues, las celebraciones de equinoccios y solsticios son muy importantes para nosotros. Son la prueba inequívoca de que las Leyes Divinas continúan, de que todo fluye. En nuestro calendario litúrgico, no solo en el de los sacerdotes y sacerdotisas, si no también en el de cualquier creyente, estas celebraciones ocupan un lugar especial. Se trata de ceremonias de tipo solar que solemos celebrar en compañía, agradeciendo a los Dioses lo que se nos ofrece en cada temporada. Estos rituales suelen estar dedicados en honor a Bal, El Señor, Consorte de la Gran Madre Ga. El simbolismo de cada una de estas festividades ya será tratado en artículos específicos de este blog.
  

      Pero en nuestro concepto de IUMS no solo entran los solsticios y equinoccios. Hay otro ciclo de muchísima importancia al que prestamos también mucha devoción. Las lunaciones. El transcurrir de la Luna a través de los cielos en compañía de nuestro planeta
también alberga en sí mismo un ciclo que tiene múltiples afecciones sobre nosotros y nuestro mundo. A nadie se le escapa a estas alturas que la Luna influye desde las mareas hasta la menstruación femenina. Noctiluca, la Gran Diosa de la Luz nocturna, Señora del oscuro cielo estrellado, de la hechicería y de las encrucijadas, tiene un gran poder sobre sus hijos e hijas. Ella, en sus diferentes fases, nos proporciona momentos de profunda espiritualidad en los que contactar con nuestro yo más íntimo, nos muestra que en la oscuridad también se halla el camino y que vivir al ritmo de los ciclos naturales es volver al equilibrio.

      IUMS, la Eterna Rueda de la Vida, es en nuestro culto un concepto primordial, sin el cual no se puede lograr entender el significado de muchas cosas. Este ciclo de Nacimiento-Vida-Muerte-Regreso depende del equilibrio que los Dioses han dispuesto para su funcionamiento. Y no es un equilibrio perpétuo. Sabemos ya de manera fehaciente a través de la ciencia de que los grandes ciclos de la Naturaleza son a veces interrumpidos o interferidos por la actividad humana, la recuperación del equilibrio no es inmediata, a nuestros ojos, si no que pueden pasar siglos o milenios hasta que se recupera, hasta que un elemento adopta o abandona una función para que el conjunto vuelva a funcionar adecuadamente. El restablecimiento de ese equilibrio es seguro, lo que no es seguro es que nuestro mundo sea capaz de adaptarse a la nueva situación. Ya son muchas las organizaciones en todo el mundo que luchan por la no injerencia del ser humano en la naturaleza. El calentamiento global de nuestro planeta es un hecho, un efecto de un comportamiento erróneo de la humanidad. No cabe la menor duda de que las Leyes Divinas restablecerán el orden a largo plazo, pero sí deberíamos tener la duda de si tenemos sitio en el nuevo orden natural. Nuestra es la obligación de vivir conforme a las Leyes Naturales, conviviendo con el ritmo de sus ciclos y conscientes de nuestra pertenencia a un todo superior.

      Restablecer el equilibrio de los ciclos naturales es tarea de los Dioses, en pugna contínua para conseguirlo, nosotros los creyentes, debemos hacerles saber que también aportamos lo que podemos al IUMS-DIR, el Combate de la Rueda de la Vida.

jueves, 10 de diciembre de 2015

El Advenimiento de BAL

      Pronto llegaremos al tan esperado solsticio de invierno, festividad que todas las tradiciones religiosas paganas festejamos como una de las más importantes. Para nosotros, seguidores del Culto Ibero, se trata del Advenimiento de BAL, principal deidad solar de nuestro panteón, Consorte e Hijo de Ga, la Madre Tierra. Es la última festividad del calendario litúrgico del Culto Ibero y se extiende durante los días que comprende el fenómeno astronómico que le es atribuido, esto es, desde el día del solsticio de invierno hasta tres días después. Este año desde el día 22 hasta el 25 de Diciembre.

     Por encima de las creencias del ser humano, tan alejadas a veces de lo fundamental, permanece la esencia de lo estrictamente divino, de lo que acontece tanto si le damos fe como si la rebatimos. La Gran Diosa Madre continúa con su ciclo, no ajena a nuestros pesares, atenta a nuestras necesidades reales pese a que la sociedad actual pretende separarnos cada vez más de ella y de sus principios rectores. En el eterno equilibrio que los dioses establecen para el mundo, lo que se conoce comúnmente como ciclos naturales (Rueda de la Vida o IUMS para nosotros) depende enormemente de una pugna constante entre los poderes que generan ese equilibrio. Esa lucha eterna de los dioses por mantener el equilibrio que sustenta la vida es el concepto al que nosotros denominamos IUMS DIR, o El Combate de la Rueda de la Vida. IUMS es el eterno ciclo de Nacimiento, Muerte y Resurrección que a todos afecta y que en estas fechas llega a unos de sus puntos más importantes en cuanto a su reflejo en las Leyes Naturales.

     El solsticio de invierno, en términos estrictamente astronómicos, es el momento en que el sol se encuentra a la mayor distancia angular negativa con respecto al ecuador celeste. Es el momento en el que La Tierra recibe con menor profusión y fuerza los rayos del astro, lo que se traduce en el menor porcentaje de luz y calor solar de todo el año. A partir de este momento el movimiento de La Tierra alrededor del Sol hace que se vaya recuperando poco a poco el porcentaje de rayos solares que nos llegan, alargándose el día y acortándose la noche. La nuestra, como religión con origen en la Naturaleza, celebra precisamente este momento como aquél en el que nuestro Dios Solar más importante, BAL, nace o renace de su letargo para comenzar a crecer, para dar luz y calor a nuestra vida, a la Naturaleza en sí misma. Es el momento en que nuestro Señor BAL retoma su camino ascendente que no dejará hasta el solsticio de verano.

     A lo largo de la historia de la humanidad, las religiones paganas, precisamente por ese carácter paganus, que significa “del campo”, hemos venido celebrando el solsticio de invierno de muchas y muy diversas maneras, pero manteniendo el mismo fervor espiritual que en nuestros orígenes, encendiendo hogueras en honor a nuestros dioses-hijo que en este día nacían del vientre de nuestras diosas-madre, bailando y alegrándonos del nuevo año que ya viene y que gracias a los Dioses podremos vivir con nuestras familias. Incluso en la mayor parte de nuestras tradiciones paganas se mantiene en número de días de esta festividad, hecho que no deja de ser importante por cuanto es reflejo del fenómeno astronómico que lo origina. Durante este fenómeno el Sol permanece tres días prácticamente inmóvil en su posición cenital, para después retomar su camino ascendente en relación al horizonte. Este hecho en sí mismo es el que determina la duración de nuestras celebraciones litúrgicas, incluso en algunas religiones ha sido explicado como parte de la mitología propia dotándole de un significado propio.

     Egipcios, persas, fenicios, romanos, caldeos, cananeos, sirios, griegos, íberos, hindues o aztecas, cualquiera de las antiguas civilizaciones desarrolladas hemos celebrado en este solsticio el “parto de la Reina de los Cielos” y nacimiento del joven Dios Sol. En todo mito solar existe la figura de este joven dios que cada año muere y resucita, encarnando en sí el principio rector de la Rueda de la Vida de Nacimiento-Muerte-Resurrección. El Sol, como representación astral y real de la divinidad y arquetipo de lo masculino y fecundador, contraparte y necesario de lo femenino y fecundo, ha sido y es adorado alrededor del mundo bajo multitud de teónimos y con atributos que divergen en función de la cultura que los relaciona, pero siempre bajo un mismo prisma espiritual en lo más básico. Es muy larga la lista de dioses solares cuyo nacimiento se fija durante el solsticio hiemal, tras un periodo de tres días de muerte o no existencia. En todo caso, este conglomerado de antiguas religiones, incluso algunas más modernas y nuevas como el cristianismo, con este importante punto en común, nos viene a reafirmar en nuestras convicciones más profundas.

     Así pues, celebremos este solsticio con alegría, en familia, pues es el Advenimiento de nuestro Señor BAL, Señor del Sol, fuerza fecundadora que muere y nace de la Gran Madre cada año, Padre
de todos los Dioses y protector de animales y bosques, guía y juez de los fallecidos. Hagamos este día una hoguera y oficiemos el ritual de agradecimiento que corresponde a tan alta deidad. Compartamos y avivemos la fuerza de BAL con nuestros fuegos y celebremos su nacimiento con un banquete en su honor. Es la època de los grandes pactos con los poderes de la Naturaleza y sus criaturas, también de pactos entre nosotros y con nosotros, con nuestros Lares antepasados y su memoria, época de esperanza en un nuevo ciclo que comienza.

Que BAL ilumine vuestros pasos, os proporcione calor en vuestros corazones y que su resurrección os inspire grandes hazañas para el año que entra.

KUN A-BAL


viernes, 6 de noviembre de 2015

Comunicado oficial del SCSF.- Integración en ACN-SAK

     El Supremo Consejo Sacerdotal Fundacional, en desarrollo de sus funciones y con el objetivo de dotar a Culto Íbero de la debida forma legal y jurídica necesaria para la normalización y protección de nuestra práctica devocional religiosa, ha mantenido durante meses conversaciones con la Confesión Religiosa Asamblea de Cultos de la Naturaleza-Sociedad Antigua de Kelt, entidad religiosa inscrita en el Registro de Entidades Religiosas con el nº 1233-SG el 12 de Septiembre de 2007. Estas conversaciones se llevaron a cabo en el marco de la línea de trabajo del Supremo Consejo Sacerdotal Fundacional de Culto Íbero para encontrar la manera más adecuada de dotar a esta organización y a sus miembros de cobertura legal.

      Tras el trabajo realizado se observa que ambas partes mantienen una espiritualidad que emana de los mismos principios y arquetipos, aunque con diferencias en cuanto a teonímias y litúrgias. No siendo esto un obstáculo insalvable para la convivencia entre creyentes, y tras comprobar que ambas organizaciones estaban dispuestas a la colaboración activa y a favorecer el crecimiento espiritual de sus integrantes, se opta por la integración de Culto Íbero dentro del ordenamiento interno de Asamblea de Cultos de la Naturaleza-Sociedad Antigua de Kelt, en igualdad de condiciones que el resto de organizaciones que la componen.

     Para que esta integración se lleve a cabo con eficacia, se propuso un plan de trabajo que solucionase los puntos más distantes en dicha integración, que eran:

  • Modificación de los Estatutos de Culto Ibero para adecuarlos a los de ACN-SAK.
  • Realización de una tabla de equivalencias entre grados sacerdotales de ambas entidades.
  • Acuerdo de participación conjunta en rituales comunes por parte de los miembros de cualquiera de las confesiones que integran ACN-SAK.
  • Representación de CI en el Consejo Administrativo de ACN-SAK.


Una vez concluidos estos trabajos con resultado satisfactorio, el Supremo Consejo Sacerdotal Fundacional de Culto Ibero

informa:

      A todos los miembro de Culto Íbero, ya sean sacerdotes o Devotos, que se aprueba la integración de Culto Ibero en la Confesión Religiosa Asamblea de Cultos de la Naturaleza-Sociedad Antigua de Kelt, a falta de la debida inscripción en el Registro de Entidades Religiosas.
 
    Esperamos que esta unión fortalezca a todos los integrantes espiritual y asociativamente, permitiéndonos crecer como religión para mayor Gloria de nuestros Dioses.


KUN A-BAL:GA KUNII

Supremo Consejo Sacerdotal Fundacional

Reinos de Iberia


jueves, 5 de noviembre de 2015

El ateísmo galaico

Uno de tres: El ateísmo galaico.(artículo de opinión)

     Con respecto a la creciente recuperación de las antiguas religiones de la Hispania pre-romana y más concretamente al celtismo subyacente, cuando no abiertamente manifiesto, en estas nuevas formas de nuestros antiguos cultos, me llama la atención la argumentación que algunas personas proponen al respecto de sus creencias. Para empezar diré que ante mí nadie necesita justificar sus creencias, la espiritualidad es algo que tienes o que no tienes, cualquier argumentación es superflua, aunque no inconveniente. Digo esto porque parece que el celtismo está de moda, pero no un celtismo propio de nuestras antiguas religiones, si no uno importado del norte de Europa, sin el cual parece que "somos poca cosa", que lo nuestro no vale mucho y por ello hemos de basar nuestras creencias en lejanos dioses que tienen mucha más aceptación entre los neófitos. Tal vez tengan razón estos defensores de lo céltico de origen irlandés, al fin y al cabo estas gentes nos llevan años en cuestiones de recuperación de tradiciones de sus ancestros, aunque sea de boquilla y de cara a la galería turística, que "mole" más un trisquel que un lauburu. Pero me da a mí que va a ser que no, que no necesitamos mirar más allá de los Pirineos para redescubrir nuestras raices y que en nuestras tierras retumban aún los ecos de nuestras más primitivas creencias, que no nos hace falta argumentar linajes ni panteones foráneos para decir que somos celtas, celtíberos o íberos de corazón.
menhires en A Coruña
 De eso va esta serie de artículos de opinión, de lo nuestro. Y para ello quiero hablar de que hay algunas cosas que me llaman poderosamente la atención cuando leo a gente argumentar o explicar sobre su/nuestra religión. Una de ellas es el supuesto ateísmo de los pueblos galaicos, otra el origen nord-europeo del celtismo de nuestras tierras y por último, el abismo que parece haber entre íberos, celtíberos y celtas. En este artículo y los siguentes intentaré explicar mi humilde opinión al respecto, siendo consciente de que otras posturas diferentes sobre el mismo tema tienen también los mismos visos de realidad que la mía, por cuanto todo aquello que queda fuera de la historia escrita por los mismos protagonistas siempre debe de estar sujeto a interpretaciones.

     Así pues, comenzaré por el tema del ateísmo galaico, algo que es común leer en innumerables foros y blogs que versan sobre temática de religiones hispanas pre-romanas o sus modernas formas de culto. Suele ser una información que no se desarrolla pero que los autores dejan caer y dan por válida sin más, lo que a mi entender puede dar lugar a malinterpretar la historia de nuestras religiones autóctonas. Cierto es que nuestras modernas formas de venerar a los antiguos dioses no son copias de aquellas, si no recuperaciones de antiguas creencias y cosmogonías, espiritualidades concretas y panteones incluso, adaptadas siempre a la actual sociedad y nuestra particular idiosincrasia. Es frecuente leer en estos ámbitos que los pueblos galaicos eran ateos. Parece costumbre generalizada dar por buena esta premisa a la par que se le dota a estos mismos pueblos de un seguro "halo" de cultura celta. Se parte de la premisa de que los galaicos eran ateos en una época anterior a Estrabon (aprox. 64 a.n.e.-24 d.n.e. ), que es quien habla del supuesto ateísmo de estos pueblos, para después entender que la celtización de los mismos fue posterior.

     Frecuente no quiere decir correcto, es un error en el que han caído muchos divulgadores a la hora de hablar de la religiosidad de las tribus peninsulares. Un error harto frecuente entre los que no somos profesionales de la historia ni poseemos amplios conocimientos sobre el tema y que muchas veces por falta de conocimiento y sobra de corazón hacemos un "cortapega" de textos que hemos encontrado por la red. Pero un error fácilmente subsanable, cuya explicación nos aportará a los neófitos un nuevo punto de vista, o al menos uno más correcto (a mi entender).

     Comencemos por explicar qué es lo que dijo Estrabon (fuente del mito del ateísmo galaico) y el significado de sus palabras. Según este geógrafo e historiador ( Geografía 3, 3 y 3, 4 16) "Los montañeses (habla de los pueblos galaicos)... sacrifican al dios Ares un macho cabrío y prisioneros de guerra y caballos, hacen además hecatombes de cada clase como los griegos, como dice Píndaro <Sacrificar todo por centenares>...Algunos dicen que los galaicos no tienen dioses y que los celtibéricos y su vecinos septentrionales dan culto a un dios sin nombre en las noches de plenilunio fuera de sus poblados, haciendo bailes y fiestas durante toda la noche con sus familias"

     De este texto, nace la confusión generalizada acerca de la religiosidad de las tribus galaicas,
estela votiva en honor al dios LUG
precisamente del texto que dice "...Algunos dicen que los galaicos no tienen dioses ...". Para empezar, Estrabon no dice que sean ateos, si no que recoge palabras ajenas ("Algunos dicen...") y ni siquiera está claro que el propio Estrabon las diese por buenas, ya que sus palabras anteriores eran para explicar que los galaicos hacían rituales a un dios asimilable a Ares y además al modo heleno. Tan solo se limita a decir lo que ya está dicho o lo que se da por válido en su entorno. Aún así, y partiendo de la premisa de que tanto este autor como la fuente de su información, creyesen que los pueblos galaicos no tuvieran dioses, no podemos pasar por alto la idiosincrasia del momento y cultura en el que estas palabras fueron dichas.

     En el mundo heleno (que no griego) se consideraban ateas (sin dioses) a aquellas culturas cuyo panteón no pudiera ser sincretizado o equiparado al propio, dando este por auténtico. Con lo cual tenemos que la mayor parte de las culturas que florecieron alrededor del Mediterráneo, para los helenos, sí tuvieran dioses, ya que queda patente que todas ellas parten de elementos comunes y arquetipos básicamente iguales, aunque la teonímia fuera diferente. Con los siglos, estas religiones fueron haciéndose más diferentes entre sí, pero subsiste ese nexo de unión primigenia entre ellas, a la par que el concepto de ateísmo aplicado a otras religiones. Sin embargo, al hablar de los galaicos, y aunque estos son pueblos tan indígenas como los del resto de la península, los historiadores de la época se encuentran con que su panteón no es asimilable al propio, de ahí uno de los motivos para considerar que no tenían dioses. Otro motivo, no menos importante y del cual ya Hermann Usener da cuenta, es que los galaicos pudieron tener dioses sin nombre, esto es, carecían de la personificación de las divinidades que sí se daba en el resto del Mediterráneo, salvo excepciones. Esto conllevaría que adorarían las propiedades divinas de los elementos naturales y/o sociales de la esfera de la vida. De esto mismo, según el propio Usener, ya había ejemplos entre un grupo de Tracios que habitaron la península del monte Atos y que tuvieron contacto con los helenos desde una época muy primitiva. Lo mismo pasaría, según Herodoto (II,52) entre los Pelasgos, pueblo que rendía culto a dioses sin nombres ni sobrenombres. Fueron las culturas griega y egipcia, en el entorno mediterráneo, las que comenzaron a poner nombres y personificar a sus dioses y, mucho más tarde, con Homero y Hesíodo establecer verdaderas genealogías entre deidades.

      En realidad, la idea de dioses sin nombre también la encontramos en el mundo griego a través de las epigrafías de dedicaciones <al dios>, a <los dioses>, a "algún dios> o a un <dios desconocido>. Esto es explicable por el propio desarrollo del politeísmo griego, que personifica a la deidad y la inviste de una cotidianeidad premeditada, aunque sigue quedando claro en la mentalidad griega que los dioses se escapan a su comprensión. Como señala Jean Rudhart "El dios griego parece poseer una unidad inaprensible, trascendente a todas las formas, a todas las nociones por las que se trata de alcanzarlo o concebirlo." Así, "el griego capta concretamente al dios bajo sus formas, y por así decirlo,bajo sus diversas encarnaciones, pero sabe que la divinidad permanece más allá, profundamente incognoscible". Esto es mucho más fácilmente entendible si nos fijamos en que entre el panteón griego los mismos epítetos se repiten para dioses diferentes y que muchas de estas divinidades cumplen con las mismas funciones, presentando a la par aspectos políticos o sociales, agrarios o cósmicos.

     Así pues, debemos quedarnos con la idea de que el ateísmo filosófico, que hoy entendemos como la no creencia en ninguna deidad, poco tiene que ver con el concepto de ateísmo que aplicaban los griegos para aquellas culturas cuyos panteones eran distintos e inasimilables. Además, y sin entrar a hacer una relación extensa, se conocen bien los nombres de algunas de las divinidades galaicas merced a las epigrafías halladas, principalmente en estelas votivas y funerarias.

     Bien conocidos son los nombres de Lug, Bormanico, Sannoava, Nabia, Cosso o Bandu en referencia a los dioses galaicos. De la etimología de los mismos se podrían escribir (y se ha hecho) libros y libros, resultando por ella tan celtas como quieran los autores. Si partimos de la base de que los pueblos galaicos (como veremos más tarde) compartieron origen con los pueblos netamente celtas del atlantico nord-europeo, no es dificil llegar a una raíz etimológica común, con lo que no entraremos ahora en disquisiciones profundas sobre el celtismo propio o sobrevenido de estas divinidades. Si que podemos, empero, hacer un escueto repaso sobre las funciones y/o arquetipos de estos dioses:

Lug:
Dios del sol y de los muertos. Probablemente el más conocido de los dioses norteños y el que más claramente ha podido ser "celtizado" en su origen, ya que está bien atestiguado entre los celtas europeos. Realmente se trata de un dios pancéltico, es decir, un dios que se veneraba allá donde llegaron los celtas o sus influencias. Aunque esto no dilucida su origen real. 
Nabia
 es una diosa precéltica de la cual aún no se ha establecido su origen, o mejor dicho, ninguna de las hipótesis formuladas tiene suficiente enjundia como para darse por buena. Se cree que se trata de una divinidad femenina de la fecundidad, aunque se desconocen rituales en su nombre, pese a haber encontrado ofrendas de espadas en su honor en varios rios europeos. Con más de una veintena de epigrafías que la reverencian y que atestiguan su culto en nuestras tierras, se puede decir sin temor a equivocarse que estamos ante una de las principales deidades de los galaicos, lusitanos y astures. Además, resulta que la mayor parte de los dedicantes son de origen indígena, de lo que podría extraerse que se trata de una diosa propia, y no importada.

Cosso,
 por toda la costa atlántica desde la mitad de Portugal hasta el mar Cantábrico, aparece este dios que algunos asimilan al Marte romano, y otros con Mercurio. Sin duda se trata de un dios de carácter guerrero al que se le tenía en gran devoción. Su etimología no es nada clara, por mucho que algunos autores, empecinados en bañarlo todo en las aguas del celtismo, hagan malabares con las letras y la sonorización para decirnos que era un dios britónico.

Bandua
ara de Bandua de Eiras
es un dios del que se podría decir que es el propio Cosso. Su arquetipo y epigrafías, los datos que sobre él se han podido obtener reflejan a un dios que ostenta las mismas funciones que el anteriormente nombrado, lo que hace imposible su coexistencia en el mismo panteón. Lo más lógico en este caso sería pensar que en territorio de los galaicos existieron dos formas religiosas cada cual con sus respectivas teonímias.

Bormanico es un dios de las aguas termales, a falta de mejor explicación. Digo esto porque las inscripciones encontradas no aportan nada al arquetipo de esta divinidad y que sea un dios de las aguas termales solo se debe a la hipótesis de autores que etimológicamente lo emparentan con los celtas europeos (otra vez), aunque hay otros autores como Blanca María Prosper, que se han dado cuenta de que en las lenguas celtas no existen formaciones con -m- para esta raíz y que el resultado homogéneo de la labiovelar es incompatible con las lenguas celtas. Pero era un dios, de eso estamos seguros, y además nuestro.

Sannoava.
estatua a Sannoava en Lalín
 Es una diosa local vinculada a las fuentes, como se desprende de la inscripción encontrada en tierras pontevedresas. De su etimología podíamos decir lo mismo que del resto, no hay nada claro ya que es la única forma en Iberia, pero los celtistas han encontrado similitudes rocambolescas con otras inscripciones en zonas francesas.

     A estas alturas el lector puede pensar que este humilde autor tiene algo contra el celtismo. Nada más lejos de la realidad. Me gusta, qué digo, me enamora el pasado celta de nuestras tierras norteñas y como íbero siento a los celtas como hermanos, lo que no me gusta es que se intenten hacer encajes de bolillos con nuestra historia para corroborar hipótesis que no encajan, porque de estos polvos después llegan otros lodos. Si no se sabe la procedencia de una divinidad pues no se sabe y no pasa nada por admitirlo. Nuestra historia esta llena de lagunas y me temo que lo seguirá estando durante mucho tiempo, lo que no es óbice para no plantear hipótesis que intenten explicar nuestro pasado de la manera más certera posible. Y ahí es donde algunos estudiosos fuerzan la situación para que las pruebas sean adecuadas a sus teorías.

     Para entender la posible espiritualidad de los pueblos galaicos debemos hacernos una visión global del mundo antiguo, no pensar que cada uno de los pueblos que integraban la península tenía su propia cultura, religión y costumbres y que estas formaban un todo particular inconexo con el resto de las culturas coetáneas. El mapa socio-cultural de aquellas épocas pre-romanas no diferiría en gran medida del actual (salvando las distancias, entienda el lector que solo intento ejemplificar). Diversas tribus con sus particularidades culturales, hablando unas lenguas no muy diferentes con variaciones geográficas, una base religiosa más o menos común con creencias específicas y sistemas administrativos y legislativos propios.
Casi se podría decir que los íberos de antaño somos los portugueses y españoles de hoy. La tan extendida teoría de que la cultura castreña galaica o astur es de procedencia celta, comienza a caer bajo el peso de las evidencias de los estudios genéticos, que arrojan con claridad la escasa incidencia de los pueblos celtas nordeuropeos sobre la población indígena ibérica, si bien se puede constatar que el flujo del comercio entre ambas regiones fue de una magnitud que solo ha llegado a superarse en el siglo XX, con el proceso de prestamo cultural que esto conlleva. Los estudios más recientes de los últimos años llevan a concluir que los pueblos del norte de Iberia eran claramente indígenas y muy poco celtizados, debiéndose su similitud cultural y religiosa a que se poseía una raíz en común con aquellos. Es decir, el fenómeno "celta" de nuestra península poco y casi nada tenía que ver con el resto de Europa.

     En conclusión: Los pueblos galaicos no eran ateos, si no que su forma religiosa difería de los modos helenos y romanos de culto y por ello era dificilmente catalogable por estos. En definitiva, lo más probable es que a grosso modo algún día podamos hablar de que toda la península tenía un modo de ver la vida espiritual bastante parecido y que las diferencias más notables eran de tipo lingüístico y ritual.